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January 30 Por que..?En esta ocasión rescato un estracto de una entrada que escribió una persona importante para mi en la que dice cosas con las que estoy totalmente deacuerdo y que quiero compartir con vosotros:
Por que....?? es la pregunta q siempre esta en mi cabza y la q no suele tener respuesta. Intentar racionalizar todo es un problema, ya q no t das cuenta q hay cosas q no se pueden explicar o q simplemente, es mejor q no sepas. Personalmente soy de las q piensan q es mejor saber todo y, asi, poder tomar una decision con todas las cartas sobre la mesa, ya q esconder cartas fundamentales puede dar lugar a situaciones poco agradables para ambas partes. En estos momentos hay tantas preguntas sin respuesta en mi cabeza q estoy comenzando a volverm loca. No entiendo pq olvidamos unas cosas con tanta rapidez y, en cambio, otras parecen grabadas a fuego y por mucho q lo intntes no se borran. Dicen q el paso del tiempo lo cura todo, es dcir, q lo borra, digo yo, pq para q se cure se tndra q borrar...., pro yo no lo puedo corroborar. Si es cierto q cm todos los dias estan pasando cosas nuevas, las viejas van qdando en la recamara, pro siguen ahi y cuando salen a la luz el efecto es el mismo q en el momnto en el q ocurrio. Pq la gent no dic lo q piensa o lo q siente???no digo q lo estemos diciendo todo el rato, pro hay veces q lo q tu crees muy obvio no es tan obvio para otra persona, aunq, para mi, los actos son mucho mas importantes q las palabras y creo q es lo q verdaderamente t ac conocer a las personas. Dicen q la primera impresion es la q cuenta, pro yo tngo muchos ejemplos d q no es asi. Al principio todo parec muy bonito, kizas pq no se kiern mostrar como son en realidad para gustar a alguien, pro es tonteria, ya q al final todo se acaba sabiendo. Pq parec q a todo el mundo le va mejor q a ti?? yo creo q es algo q mucha gent piensa, pq yo??, pq no tngo suerte??, pq n puedo ser feliz?? La verdad es q son preguntas sin respuesta, pro siempre hay alguien q esta peor q tu y, pued q sea verdad q todo lo q pasa pasa por alguna razon. Pq un gesto, una palabra, una voz pued acert sentir la persona mas feliz d la tierra?? son efectos q no causan todas las personas, pro un gesto, una palabra... de LA PERSONA pued acrt sonreir y ser feliz. Son cosas increibles.....Normalment, la felicidad lleva otros sentimientos acompañados, como la seguridad o......no se, tantas cosas.... Algunos comentarios: Graficos
June 02 Lucha por vivirHola gente! Hoy inauguro una nueva categoria en mi space con una historia que escribió una amiga mia hace cerca de dos años y con la que ganó un primer premio y todo en un concurso, espero que les guste:
LUCHA POR VIVIR por Ana Medina González Las sirenas de las ambulancias sonaban sin cesar, los enfermos paseaban por los pasillos del hospital acompañados de sus familiares o de algún celador, mis padres estaban sentados a mi lado, parecían nerviosos. Yo ya les dije que me encontraba mejor, que no era necesario que hubiésemos venido, que probablemente tuviese gastroenteritis o una simple gripe, al fin y al cabo no sería muy raro ya que estábamos en pleno invierno, pero ellos siempre se han preocupado demasiado por mí. A mis padres siempre les habían desagradado los hospitales, cuanto menos los visitasen mejor. En cambio a mí, estar allí me producía cierta serenidad, quizás fuese porque sabía que si me sucediese algo, allí me atenderían, aunque...reconozco que me causaba pesadumbre ver a tanta gente enferma, sufriendo, muriendo...y lo peor es que muchas de esas personas estaban allí solas, sin que nadie los visitase, tan sólo los enfermeros de vez en cuando, cuando les tocase la medicación. - Buenos días, ¿les ha atendido ya algún médico o enfermero? Apareció ante nosotros un chico con un uniforme verde, el cabello rubio y una profunda e intensa mirada azul. Parecía joven, debía rondar los 26 o 27 años. En su mano derecha llevaba una tabla con folios en los que iba apuntando los nombres de los pacientes y las medicaciones, en uno de los bolsillos de su uniforme asomaba un bolígrafo y alrededor del cuello tenía colgado un estetoscopio. - No, desde hace más de una hora que llevamos aquí no nos ha atendido nadie. ¿Es el médico? - Soy enfermero, pero les levaré ante el doctor que les atenderá. Me llamo Brian. Síganme por favor. Me levanté de mi asiento y comencé a seguirle delante de mis padres. Para ser un hospital, aquel lugar era quizás demasiado lúgubre. Los pasillos eran estrechos, de paredes claras y con luces que alumbraban tenuemente el camino. A ambos lados del pasillo por el que andábamos había otros aún de menor anchura que parecían terminar en más salas de espera donde enfermos sin atender y familiares esperaban angustiados alguna respuesta de los médicos o enfermeros. - Aquí está. Ésta es la sala del doctor que les atenderá. Por cierto...¿quién es el enfermo? - Está bien -me devolvió la sonrisa-. Pasa con tu madre -abrió la puerta de la consulta-. Usted espere en la sala que se ve al final de aquel pasillo por favor -le indicó a mi padre-. Pasamos a la sala seguidas por Brian. Allí se encontraba un hombre de pelo canoso y piel morena que ocultaba unos ojos verdosos tras unas finas gafas. Estaba sentado tras su mesa, escribiendo a ordenador. En la mesa había una placa dorada que llevaba inscrito "Doctor William White". - Bueno, pues...me llamo Jenny Thomson, tengo 18 años y...no se que más decir -sonreí tímidamente-. - Bien -me devolvió la sonrisa-. ¿Qué es lo qué te sucede? - Hace ya varios días que tengo algo de fiebre, vómitos, nauseas... - ¿Bebes, fumas? - No, nada de nada. Estoy en el equipo de natación de mi instituto y no podría fumar o beber. - Me parece excelente. Ya no queda mucha gente de tu edad que no beba o fume -me sonrió amistosamente-. Buenos...será mejor que te hagamos pruebas -se levantó de su silla y se acercó con un estetoscopio en la mano-. Quítate la camiseta para que te pueda auscultar. Tal y como me pidió el doctor, me quité la camiseta que llevaba puesta para que me pudiese auscultar. Por alguna extraña razón me daba vergüenza estar allí así, tan sólo con el sujetador, no por el doctor White, sino por Brian. Sabía perfectamente que él estaba más que acostumbrado a ver chicas en sujetador mientras el doctor comprobaba la respiración y el corazón, pero yo no estaba acostumbrada. No tenía novio y siempre que iba al médico solía ser un hombre mayor acompañado de una enfermera, pero casi nunca de un chico joven, y menos un chico oven y atractivo como Brian. Después de hacerme varias pruebas como auscultarme. tomarme la tensión, comprobar mi temperatura, hacerme una radiografía, un electrocardiograma y sacarme sangre, pareció que terminaron. - Creo que con todas estas pruebas, podremos saber que tienes. Aunque me temo que los resultados no estarán hasta mañana o pasado como mínimo. Mientras tanto... toma paracetamol para bajar la fiebre. - Está bien. Cuando me llamen vendré a recoger los resultados. Al salir de la consulta nos reunimos con mi padre en la sala de espera y regresamos a casa en el coche. Tres días después recibí la llamada del doctor. Me asomé por la ventana de mi habitación, el cielo era plenamente gris. Ni un mísero rayo de sol era capaz de cruzar la amplitud de aquellas lóbregas nubes. A las 17:30 estábamos entrando de nuevo en el hospital. En cuanto llegamos a la sala de espera, apareció Brian que no indicó que le siguiésemos hasta la consulta del doctor y éste nos pidió que tomásemos asiento. Esta vez mi padre también entró en la consulta del doctor White. - Y bien doctor... ¿Ya sabéis qué tiene nuestra niña? -mi padre estaba realmente preocupado-. - Sí, y... es más serio de lo que creíamos -tenía los resultados de mis análisis en las manos-. Quizás sería mejor que me dejases hablar a solas con tus padres -me miró al decir esto-. - Soy mayor de edad y los resultados son míos, así que lo siento, pero pienso que yo debería ser la primera en quedarme y saber qué es lo que me ocurre -estaba decidida y lo dije con firmeza-. - Está bien. Verás -parecía que tan sólo se dirigía a mí-, Jenny, lo que tienes es algo muy serio y tendrás que ser hospitalizada inmediatamente. -Me entregó los resultados- Tienes leucemia. - ¿Cáncer? Pero... ¿por qué? - El cáncer es una enfermedad que no entra por ningún motivo determinado, puede que por herencia, es decir, que algún antepasado tuyo lo hubiese tenido, pero realmente puede entrarle a cualquiera. -Al ver que yo no reaccionaba prosiguió- Jenny, tenemos que hospitalizarte de inmediato y hacerte un transplante de médula ósea. Si no encontramos un donante compatible, tú... morirás. - No puede ser... nuestra pequeña -mi madre comenzó a llorar desconsoladamente-. Después de eso fue como si yo hubiese desaparecido de esa habitación, tan sólo estaba presente en cuerpo, mis pensamientos se habían esfumado de aquella sala. El doctor seguía hablando, mi padre intentaba calmar a mi madre, algo que parecía inútil, ya que por mucho que le dijese no cesaba su llanto. Cuando salimos de la consulta una enfermera nos llevó hasta la habitación en la que yo me quedaría esperando hasta que apareciese un donante compatible. La habitación que me habían asignado era doble. Entre ambas camas había una ventana. Al fondo había una puerta que daba al cuarto de baño. Las paredes eran blancas y la habitación estaba mejor alumbrada que los pasillos. Mis padres estuvieron conmigo hasta las 20:00, que era la hora hasta la que podían ir a visitar a los pacientes. Al poco tiempo de haberme quedado sola en la habitación apareció Brian, estaba acompañando a una anciana en silla de ruedas hasta la cama de al lado. Tenía el pelo corto y canoso con un leve tono azul plateado, llevaba puesto un camisón verde del hospital abierto por la espalda, estaba muy sonriente, tenía aspecto de ser una persona simpática y amable. - Doris, ésta es Jenny Thomson, a partir de ahora será tu nueva compañera de habitación -la anciana me miró y sonrió como dándome la bienvenida- Yo ahora tengo que irme, pero después vendré a haceros una visita cuando termine mi turno -esta vez fue él quien sonrió mirándome-. Hasta luego. Brian se marchó de la habitación dejándonos solas a mi nueva compañera y a mí. - Hola Jenny, mi nombre es Doris Graham y estoy aquí porque me tengo que operar de la cadera. - Yo estoy aquí porque me han diagnosticado leucemia y buscan un donante compatible para operarme. - Vaya, lo siento. Debes de ser muy jovencita, entre 17 y 20 años, ¿no? -afirmé con la cabeza- ya veo... Pues ya sabes, lucha contra el cáncer, aún te queda mucho por vivir. Esa frase me dio que pensar. Aún me queda mucho por vivir... Sí, puede ser verdad, pero, ¿realmente merecía la pena esta vida?¿qué es lo que hacíamos en el mundo?¿cuál era nuestra función? Muchos pensaban que era encontrar la felicidad, pero la felicidad era algo muy ambiguo. Unos pensaban que encontrar la felicidad era encontrar el amor, otros que tener mucho dinero, otros que tener salud, otros que tener amigos a tu lado... pero para mí ¿qué era la felicidad? supuse que una mezcla de todas esas cosas. Pero, si realmente eso era la felicidad, yo no era feliz. No había encontrado el amor, aún estaba estudiando, por lo que no tenía mucho dinero, salud... bueno, eso era obvio que me faltaba en ese momento, y amigos... sí, tenía amigos, pero no eran amigos de verdad, no confiaba plenamente en ello. Entonces, ¿realmente merecía la pena luchar por vivir si no era feliz? Sobre las once entró Brian en la habitación. La Sra. Graham ya se había quedado dormida, pero yo era incapaz de hacerlo. No dejaba de darle vueltas a todo lo sucedido. - Veo que Doris ya ha caído rendida. Es una señora muy simpática -se acercó a mi cama- ¿Y tú que tal? -me besó la frente para comprobar si tenía fiebre-. - Yo estoy bien -con la penumbra de la habitación no se apreció que me había sonrojado-. ¿Ya has terminado tu turno? - Sí, termino a las diez, pero siempre salgo más tarde por arreglar algunos papeles y visitar a la gente. - Ya veo. Muchas gracias por haber venido -le sonreí tímidamente-. Estuvimos un rato hablando amistosamente y luego se marchó. Después no me costó conciliar el sueño. Los días pasaban lentamente y no parecía ningún donante compatible. Mi tiempo se iba consumiendo como la mecha de una vela. Mi vida durante aquellos días era aburrida. Mis padres estaban todo el tiempo que podían allí conmigo y de vez en cuando entraba alguna enfermera para darle la medicación a la Sra. Graham. Lo único que rompía aquella monotonía era el tiempo que pasaba con Brian y las charlas matutinas que mantenía con la Sra. Graham mientras estaba despierta. - Sra. Graham, ¿puedo preguntarle qué es lo que le da fuerzas para vivir? -la miré con curiosidad-. - Pequeña, llámame Doris, si me llamas señora me recuerdas que ya soy mayor -sonrió dulcemente-. La verdad, no se por qué me preguntas esas cosas, eres joven y deberías tener muchos alicientes en esta vida -me miró algo extrañada-. Yo ya tengo 75 años y soy consciente de que no me queda mucho, pero sigo luchando. ¿Sabes? Hace poco mi nieta tuvo un hijo, mi bisnieto. No hay mucha gente que pueda conocer a su bisnieto, pero yo he tenido esta oportunidad y quiero vivir para verle crecer y enseñarle muchas cosas. Él es mi punto de apoyo para seguir viviendo, y es por él por el que seguiré luchando. - Me parece genial. Yo... nunca tuve abuela, amabas murieron antes de yo nacer. - Si quieres... yo puedo ser tu abuela mientras esté aquí -me miró con ternura-. Me acerqué a ella y la abracé con fuerza. La Sra. Graham, quise decir, Doris, además de ser muy simpática y muy amable, era una persona muy cariñosa. Por las tardes, cuando mis padres no habían podido ir al hospital por sus trabajaos, Brian iba ha hacerme compañía y solíamos pasear por los pasillos mientras hablábamos. Era un chico muy abierto y simpático, me reía mucho cuando él estaba a mi lado y el tiempo se me pasaba volando. Cuando acababa su turno por las noches, solía pasarse también por mi habitación para comprobar que Doris y yo estábamos bien y se sentaba en mi cama para conversar un rato. Una tarde, vinieron a visitarme unas compañeras de clase y del equipo de natación, son las únicas chicas a las que podría llamar amigas. Estaban algo locas y eran muy ruidosas, pero por suerte Doris tenía el sueño profundo a causa de los tranquilizantes que le daban para el dolor y pareció que ni se enteró de que allí había gente. me animó que viniesen a visitarme, era la primera vez que iba alguien que no fuesen mis padres o Brian. Mientras estábamos hablando animadamente, entró Brian y todas se le quedaron mirando. Éste decidió marcharse para dejarnos solas. Me lo pasé muy bien esa tarde con todas ellas. Cuando finalizó la hora de visitas, todas se marcharon y al poco tiempo volvió a entrar Brian. - Esta tarde has tenido muchas visitas -se acercó a mi cama- parecías muy animada. ¿Eran de tu clase? - Sí, bueno, y también del equipo de natación. Son buenas chicas, aunque reconozco que están locas -nos reímos- ¿Sabes? Cuando entraste se te quedaron todas mirando y cuando saliste me dijeron que tenía mucha suerte al tener a un enfermero tan guapo que cuide de mí. - Sí, yo también creo que están locas si piensan eso de mí. - Entonces... yo debería de estar en un manicomio en vez de en este hospital -nos miramos directamente a los ojos y me sonrojé-. Pero seguro que tu novia también te dice constantemente lo guapo que eres. - No tengo novia - ¿Qué? ¿con 27 años y sin novia? - ¿27? Tengo 23, acabé la carrera hace poco y me colocaron aquí. En este hospital hice las prácticas. - Vaya... lo siento, parecías algo más mayor -comencé a reírme y él acabó haciendo lo mismo-. Al cabo de unos 5 minutos tuvo que irse y me quedé allí sola, con Doris que seguía durmiendo. Me levanté de la cama y me asomé a la ventana. Aquel recuadro era mi única comunicación con el exterior del hospital. Cuando me sentía sola o me preocupaba por algo, cogía una silla y me sentaba para observar el exterior desde la ventana. - Brian... ¿eres tú mi punto de apoyo para seguir viviendo? Esas palabras salieron de mi boca sin yo darme cuenta, pero nadie más que yo las había escuchado. Poco a poco, sin percatarme, me había ido enamorando de Brian, y no sabía que hacer, me daba miedo contárselo, no sabía como reaccionaría él, pero sabía que mi tiempo se agotaba. Cada vez me quedaba menos y seguía sin aparecer un donante compatible. Yo ya había comenzado a perder la esperanza y día a día me sentía peor, más débil, así que decidí contárselo, pero no sabía como, ni cuándo... y guardarme ese sentimiento para mí sola lo único que me hacía era... daño... Una noche no pude aguantar más y comencé a llorar en silencio en mi cama, me estaba dando cuenta de cosas de las que preferiría no haberme percatado. - Buenas noches Jenny, ¿qué tal? -Brian entró sin que yo lo notase- ¿Jenny? -al ver que yo estaba llorando se acercó apresuradamente a mi cama y se sentó al borde-. ¡Ey! ¿qué te pasa? ¿por qué lloras? - Yo... yo... no quiero morirme -sin pensarlo, me abrazó para consolarme- durante todo este tiempo pensaba que la muerte no me preocupaba, que cuado muriese dejaría de sufrir, dejaría de preocuparme -él me escuchaba en silencio mientras acariciaba mi cabello con su mano- pensaba que todo terminaría cuando muriese, que no sufriría, que no podría echar de menos las cosas que me rodean porque dejaría de sentir, pero lo malo es que todo eso lo pienso ahora, mientras vivo, sufro al pensar lo que dejaré atrás cuando muera, no volveré a veros a ninguno, me angustia sentir todo lo que siento. Es un cúmulo de cosas que se juntan en mi pecho y no me permiten razonar con claridad, me hacen daño. -Brian me abrazaba con fuerza- Me da miedo que todo acabe, no quiero... no quiero no poder verte nunca más porque... me he dado cuenta de que... de que yo... te quiero. - Jenny... -me miró fijamente a los ojos- yo... me di cuenta de que me gustabas desde hace tiempo, pero no quería decírtelo para no hacerte daño. No sabía que te sintieses así... No morirás, no lo permitiré, estaré a tu lado en todo momento. Acercó lentamente sus labios hasta que se encontraron con los míos fundiéndose en un dulce beso. Aquella noche me animó muchísimo. Brian y yo estábamos juntos, nos queríamos, y eso me hacía muy feliz. Estaba decidida a luchar para seguir viviendo, pero... por si acaso... decidí escribir una carta de despedida, por si las cosas salían mal y todo terminaba. Había algo muy importante que había aprendido y tenía muchas cosas que agradecer, así que escribí una carta. Una mañana, mientras estaba hablando con Doris, entró Brian a toda prisa en la habitación. - ¡Jenny, Jenny! ¡Ha aparecido! ¡Han encontrado un donante compatible! Te operan dentro de una hora - ¿¡Qué!? ¿en serio? -le abracé con fuerza y luego abracé a Doris-. - Pequeña, por fin -Doris estaba muy animada-. ¡Qué alegría! - Brian -cogí la carta que había escrito y se la entregué- escúchame, si me pasase algo en la operación, si algo saliese mal y yo... muriese -aún me costaba pronunciar esas palabras- me gustaría que leyeses esta carta en mi funeral, es... mi despedida. ¿Lo harás? - No te va a pasar nada. - Dime que lo harás, dime que leerás la carta, sólo si sale algo mal -él afirmó con la cabeza- Una hora después, yo estaba en la camilla de la sala de operaciones, me había despedido de mis padres y de Doris. Brian estaba dentro, conmigo, él estaría presente en la operación, ayudando a los médicos. Ya me iban a anestesiar, pero antes Brian se acercó a la camilla. - Prométeme que nos veremos después. - Brian, no me gusta prometer cosas que no sé si podré cumplir, no suelo hacer promesas, ya te lo dije. - Pues prométemelo y cúmplela. Nos veremos en tu habitación después, ¿vale? - Te lo prometo -Brian se agachó para besarme-. Cinco horas después me desperté en la habitación del hospital, acompañada por Doris, mis padres, y por supuesto, por Brian. Todos estaban realmente felices, y yo también, había podido cumplir mi promesa y seguía viva. Y bueno... aquí estoy ahora, cinco días después de haber despertado tras la operación. Aún me encuentro muy débil y cansada, estoy llena de cables y aún estoy en peligro de rechazo, pero... lucharé... lucharé por vivir, porque tengo motivos para ello. - ¿Estás bien? Te noto muy pálida -entra Brian en la habitación con un ramo de flores- - Sí, aunque desde que dieron el alta a Doris me aburro un poco aquí todo el día metida. - Bueno, normal, os hacíais compañía mutua -pone el ramo en el jarrón que hay en la mesita- Jenny... Miró a la chica, estaba demasiado pálida, con los ojos cerrados. tocó su rostro y notó que estaba más frío de lo que debería. Brian salió corriendo de la habitación y volvió con un médico. Fuera de la habitación, los padres de Jenny esperan angustiados una respuesta de qué estaba sucediendo. El médico salió de la sala a las ocho y se dirigió a los padres de Jenny. - Lo siento... no hemos podido hacer nada por ella -agachó la cabeza-. Ha rechazado el transplante. La madre de Jenny cayó de rodillas al suelo y su marido la agarró. Ella comenzó a llorar desconsoladamente como nunca antes había hecho. La mañana siguiente estaba nublada, las oscuras nubes cubrían a las personas que habían ido al funeral de Jenny. En el cementerio tan sólo se escuchaban los gemidos de los familiares, amigos y conocidos producidos por el dolor de la pérdida. Todos estaban allí, incluso Doris. Habían ido para despedirse por última vez de la joven que yacía en aquella estrecha caja de madera de roble. Brian buscó en el bolsillo de su traje y sacó la carta que Jenny le había dado días atrás. - Por favor, escúchenme todos -todos los allí presentes prestaron atención al chico-. Esta carta me la dio Jenny antes de... antes de morir -le costaba decir esas palabras- ella quería que la leyese ante todos si sucedía lo que ha ocurrido y... dejaba de estar con nosotros. Brian se adelantó un poco para que todos le pudiesen oír. El silencio reinaba aquel frío ambiente. Comenzó a chispear, pero a nadie le importaba, todos estaban allí... inmóviles, esperando la lectura del último mensaje de Jenny. Parecía como si incluso el tiempo lamentase la pérdida, como si no estuviese lloviendo, sino llorando por la joven que yacía en aquel féretro. Brian comenzó a leer. "Si Brian está leyendo esta carta, significa que yo ya no estoy con vosotros. Esta carta es mi adiós. Quizás no me haya podido despedir de muchos de vosotros y... ésta es mi forma de deciros adiós. FIN |
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